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INTRODUCCIÓN


INTRODUCCIÓN



Vivimos en unos tiempos donde está de moda rememorar, en cada pueblo, aquellos acontecimientos históricos ocurridos en el. Yo también quiero recordar, brindándoles un pequeño homenaje, a aquellas personas, ya desaparecidas, que mediado el siglo XX hacían de Carracedo un pueblo vivo.
Aquellas gentes no tenían ocho horas de jornada laboral. Su jornada era de 16 horas, los siete días de la semana. A las seis de la mañana ya se escuchaba el rodar de los carros o el caminar de los animales, dirigiéndose a las fincas, por los maltrechos caminos. Volvían a casa con el sol ya puesto, pero el trabajo todavía continuaba un par de horas, ya que había que atender a todo tipo de animales que había en casa y que eran indispensables para la supervivencia familiar. En la mayoría de los casos la esposa acompañaba a su marido en las labores agrícolas. Los niños iban a la escuela, siempre que no fueran necesarios en las tareas del campo; muchos días comían solos; cuando regresaban de la escuela de la tarde tenían que realizar las tareas encomendadas por sus padres, tales como: ir de pastores, limpiar las cuadras, preparar la comida de los animales, etc y todo ello sin rechistar.


Familia de Concha y Martín

En el museo El Varal están expuestos la mayoría de los aperos agrícolas que utilizaba la gente de aquellos tiempos para realizar los distintos trabajos.
A continuación se relacionan aquellos vecinos del barrio de El Teso de Carracedo del Monasterio que, en la década de los 50, marcaron toda una época en el pueblo. Es notorio que no todos los vecinos coincidieron en el tiempo.

Rosario y Manuel
Lidia y Ángel
Manuela y Hortensio
Emerenciana y Manuel
Hildegundes y Samuel
Los hermanos. Ernestina y Longinos
Magdalena y Eumenio
Pilar y Ángel
Manuela ( la Ferreira)
Fregenia y Alfonso
Manuel ( la Coba) e Ignacio
Lola y David
Glafira y Antonio
Virtudes ( 2ª esposa de David)
Sara y Daniel
Paz y Luis
Esther y Félix
Herminia
Diolinda y José ( el Garrocho)
Dolores y Félix
Pura y Saturno
Mariángela y Antonio
Peral
Esperanza y Blas
Teresa y Dario
Consuelo e Isidro
Josefa Barra
Esperanza y Urbano
Andrea y Pedro
Lisiña y José
Antonia ( la Loca)
Felisa y Eugenio
César ( el Cartero)
Nevadita y Silviano
Carmen y Ángel
Honorina
Josefa y Lisardo
Milagros y Eduardo
Dominga y Cándido
Aurelia y Eumenio
Genoveva y Serafín
Oliva y Rogelio
Josefa y Bernardo
Onestina y Félix
Concha y Martín
Celia y Alberto
Los hermanos: Aurea, Dario y Corina
Aminta y Eliseo
Los hermanos: Emilia y Amelio
Sabina
Lucía y Manuel
Antonia y José
Gloria y Antonio
Isabel y Félix



    En los años 50 Carracedo no era un pueblo rico, tampoco pobre, debido a la gran extensión de terreno de regadío que tenía. La presa de los molinos, que nace en San Martín y muere en Carracedelo, hacía que Carracedo dispusiera de una hermosa pradería y una buena vega con fincas de tabaco, patatas, etc. A orillas del río Cua, aunque también había pradería, dominaban los chopos para la construcción y los alisos, salgueiros y otros árboles para alimentar las cocinas , algunas todavía de suelo. Otros dos pequeños cauces con buenos cangrejos, que se secaban en verano, daban lugar a los lameiros  a orillas de la Magariña y los huertos a los lados  del Colector. La parte de secano, que era bastante grande, no funcionaba todavía el canal Bajo del Bierzo, estaba ocupada por las viñas en las partes altas y por los cereales en las Colonias y en el Fabero.

   Los caminos ¡ vaya caminos¡ estaban sólo preparados para carros, caballerías y peatones. Hacia Narayola salía un camino solo transitable en verano, en invierno se llenaba de pequeñas lagunas que lo hacían intransitable. El camino de Carracedelo era estrecho, lleno de baches, malo pero muy bonito y agradable, ya que se introducía, casi como un túnel, entre dos beirones que cepillaban los carros cuando pasaban cargados de hierba o cereal. El menos malo era el que iba a Cacabelos, por este, aparte de carros, caballerías y bicicletas, circulaban tres camionetas y un pequeño coche de madera, famosos en aquellos tiempos. La del Portugués de Cacabelos, casi siempre cargada de carbón de islan. La de Darío Osorio, que conducía Jovino, que, casi siempre, iba cargada de bullo ( orujo), para fabricar aguardiente. La camioneta de Isidoro, de San Martín, se dedicaba a todo tipo de transportes, incluso la convertía en transporte de viajeros colocando un toldo encima de la caja. El coche de madera, el taxi del pueblo, era conducido por Gorgonio y por Hortensio, ocurría algunas veces que en vez de llevar el coche a la gente, tenía la gente que llevar el coche. Los caminos buenos eran los de la Colonia, superficie robada, a principio del siglo XX,  al monte y, por Colonización, convertida en extraordinarias parcelas; todas tenían su casa vivienda y, en casi todas, había una o dos norias que, sacando el agua desde 7 o mas metros, servía para regar parte de la finca.

   Exceptuendo al cura, D.Celso, y al maestro, D.Santiago, el resto de las familias vivían todos, con pequeñas diferencias, de lo mismo: Una pareja de vacas que, aparte de realizar los trabajos agrícolas, producían terneros y leche para la venta, algunas veces para el consumo. Dos o  tres cerdos, de los que uno o dos se vendían, algunos hasta vendían los jamones de los que se mataban en casa. Burro, burra o caballo para realizar pequeños trabajos agrícolas y transportar pequeñas cargas. Gallinas, pollos y conejos formaban la granja de todas las familias, incluso del cura y del maestro. Algunos padres de familia acudían, en bicicleta o a pié, a la fábrica de cementos Cosmos en Toral de los Vados o a la térmica de Ponferrada.
  
  Sin embargo, a pesar de tanta miseria, la gente era feliz. Por las noches se reunían las familias, contaban chistes, jugaban a las cartas, cantaban y se comentaban las cosas del pueblo. Los sábados, por la noche, se formaban grupos que recorrían al pueblo, visitaban las bodegas, cantando canciones populares. 

Crónicas de los 50

 
     En esta página, abierta a todo el mundo, se pretende recordar aquellos personajes , anécdotas, curiosidades, etc. acaecidas en los años 50 del siglo pasado. Ya somos pocos, cada vez menos, los que  podamos contarlas. Invito pues, a todos aquellos que en su cabeza guarden algún recuerdo, agradable o desagradable, y deseen soltarlo, escriban un pequeño artículo, con mas o menos perfección, para publicarlo en esta página que podrá llegar a cualquier parte del mundo.

       Los artículos se podrán enviar  al correo electrónico a.sernandez.lopez@gmail.com o por correo ordinario a: Antonio Sernández López. C/ La Calexiña,14. 24544 Carracedo del Monasterio ( León).

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La vida en Carracedo en los años 50 del siglo xx
( Desde  “El Varal)
Por Antonio Sernández López

Vivimos en unos tiempos donde está de moda rememorar, en cada pueblo, aquellos acontecimientos históricos ocurridos en el. Yo también quiero recordar, brindándoles un pequeño homenaje, a aquellas personas, ya desaparecidas, que mediado el siglo XX, hacían de Carracedo un pueblo vivo.

Aquellas gentes no tenían ocho horas de jornada laboral. Su jornada era de 16 horas, los siete días de la semana. A las seis de la mañana ya se escuchaba el rodar de los carros o el caminar de los animales, dirigiéndose a las fincas, por los maltrechos caminos. Volvían a casa con el sol ya puesto, pero el trabajo todavía continuaba un par de horas, ya que había que atender a todo tipo de animales que había en casa y que eran indispensables para la supervivencia familiar. En la mayoría de los casos la esposa acompañaba a su marido en las labores agrícolas. Los niños iban a la escuela, siempre que no fueran necesarios en las tareas del campo; muchos días comían solos; cuando regresaban de la escuela de la tarde tenían que realizar las tareas encomendadas por sus padres, tales como: ir de pastores, limpiar las cuadras, preparar la comida de los animales, etc y todo ello sin rechistar.


    En los años 50 Carracedo no era un pueblo rico, tampoco pobre, debido a la gran extensión de terreno de regadío que tenía. La presa de los molinos, que nace en San Martín y muere en Carracedelo, hacía que Carracedo dispusiera de una hermosa pradería y una buena vega con fincas de tabaco, patatas, etc. A orillas del río Cua, aunque también había pradería, dominaban los chopos para la construcción y los alisos, salgueiros y otros árboles para alimentar las cocinas , algunas todavía de suelo. Otros dos pequeños cauces, con buenos cangrejos, que se secaban en verano, daban lugar a los lameiros  a orillas de la Magariña y los huertos a los lados  del Colector. La parte de secano, que era bastante grande, no funcionaba todavía el canal Bajo del Bierzo, estaba ocupada por las viñas en las partes altas y por los cereales en las Colonias y en el Fabero.

   Los caminos ¡ vaya caminos¡ estaban sólo preparados para carros, caballerías y peatones. Hacia Narayola salía un camino solo transitable en verano, en invierno se llenaba de pequeñas lagunas que lo hacían intransitable. El camino de Carracedelo era estrecho, lleno de baches, malo pero muy bonito y agradable, ya que se introducía, casi como un túnel, entre dos beirones que cepillaban los carros cuando pasaban cargados de hierba o cereal. El menos malo era el que iba a Cacabelos, por este, aparte de carros, caballerías y bicicletas, circulaban tres camionetas y un pequeño coche de madera, famosos en aquellos tiempos. La del Portugués de Cacabelos, casi siempre cargada de carbón de islan. La de Darío Osorio, que conducía Jovino, que, casi siempre, iba cargada de bullo ( orujo) para fabricar aguardiente. La camioneta de Isidoro, de San Martín, se dedicaba a todo tipo de transportes, incluso la convertía en transporte de viajeros colocando un toldo encima de la caja. El coche de madera, el taxi del pueblo, era conducido por Gorgonio y por Hortensio, ocurría algunas veces que en vez de llevar el coche a la gente, tenía la gente que llevar al coche. Los caminos buenos eran los de la Colonia, superficie robada, a principio del siglo XX,  al monte y, por Colonización, convertida en extraordinarias parcelas; todas tenían su casa vivienda y, en casi todas, había una o dos norias que, sacando el agua desde 7 o mas metros, servía para regar parte de la finca.

   Exceptuando al cura, D.Celso, y al maestro ,D.Ismael o D. Santiago, el resto de las familias vivían todos, con pequeñas diferencias, de lo mismo: Una pareja de vacas que, aparte de realizar los trabajos agrícolas, producían terneros y leche para la venta, algunas veces para el consumo. Dos o  tres cerdos, de los que uno o dos se vendían, algunos hasta vendían los jamones de los que se mataban en casa. Burro, burra o caballo para realizar pequeños trabajos agrícolas y transportar pequeñas cargas. Gallinas, pollos y conejos formaban la granja de todas las familias, incluso del cura y del maestro. Algunos padres de familia acudían a trabajar, en bicicleta o a pié, a la fábrica de cementos Cosmos en Toral de los Vados o a la térmica de Ponferrada.

Las viviendas eran muy deficientes, algunas tipo palloza. La comida se cocinaba en el fuego de suelo. Del techo de la cocina colgaba una cadena, llamada gramalleira, de la que se suspendía el pote. Al lado siempre estaba el fuelle para avivar el fuego. Las habitaciones solían ser pequeñas y oscuras. Las camas de hierro y los colchones de paja de maíz. En muchas casas no  había luz eléctrica, se alumbraba con candiles de petróleo o carburo, en otras solamente podía  haber dos tres bombillas de 25 w. En la parte alta de alguna pared se practicaba un ventanuco donde se colocaba una bombilla que iluminaba, a la vez, dos o tres habitaciones. En el cuarto de baño, las pocas casas que lo tenían, sin agua corriente, lo ocupaban un palancanero y un jarrón con  
agua para lavarse. Las necesidades mayores se hacían en las cuadras o en el campo, limpiándose con las primeras hierbas que uno encontraba. Debajo de cada cama se colocaba el orinal, que al día siguiente, para ventilarlo, adornaba las ventanas traseras de la vivienda.
  
  Sin embargo, a pesar de tanta miseria, la gente era feliz. Por las noches se reunían las familias, contaban chistes, jugaban a las cartas, cantaban y se comentaban las cosas del pueblo. Los sábados, por la noche, se formaban grupos que recorrían las oscuras calles del pueblo, visitaban las bodegas y cantando canciones populares. 

 
UN DÍA CON D. SANTIAGO
Por Antonio Sernández López

          No recuerdo exactamente cuando D. Santiago vino para Carracedo. Pudo ser en el curso 1952/53. Tampoco recuerdo cuando se fue. Se que estuvo mas de 30 años. Tampoco se  cuales eran sus estudios. Con el tiempo  me di cuenta que fue un buen maestro, con grandes conocimientos, tanto en ciencias como en letras, aunque tuvo , siempre desde mi punto de vista, un gran defecto: la indiferencia que tomaba con algún alumno, olvidándose de él,  por desacuerdo con sus padres o por comportamiento del mismo alumno. Era D. Santiago un poquito duro. Eran otros tiempos. Los padres tampoco eran muy blandos.

          Era miércoles de una semana cualquiera del curso 1952/53. Tocaba catecismo, como todos los miércoles, páginas 18/19 del catecismo del Padre Astete, el Misterio de la Encarnación.

          El corazón nos latía mas fuerte que de costumbre. A las diez menos diez aparecía D. Santiago enfundado en su abrigo, modelo anterior a la guerra, en  zapatillas metidas en unas madreñas. La cabeza, calva,  tapada con una gorra. Su  paso era lento pero seguro. No recuerdo que fuera cojo, pero si que andaba un poco ladeado.

          Los niños aprovechábamos, detrás de la capilla de S. Isidro, para copiar, unos de otros, los deberes que el día anterior había escrito en una de las pizarras de un niño. Verdadero terror entrar en clase sin los deberes hechos.

          Al toque de sus palmas todos entrábamos en clase. Rezábamos unas oraciones. Colocábamos las pizarras en la parte superior, derecha e izquierda, de la mesa bipersonal. Los asientos  eran unos  pequeños bancos. Algunas mesas tenían asientos abatibles. Durante media hora, mientras estudiábamos el catecismo, el maestro, mesa por mesa, revisaba las pizarras. De vez en cuando caía algún coscorrón.

          A la pregunta, que iba haciendo a cada alumno, ¿ Cómo se obró el misterio de la encarnación? Había que contestar, sin fallo.
“ El misterio de la encarnación se obró de esta manera: en las entrañas de  la Virgen María formó el Espíritu Santo, de la purísima sangre de esta Señora, un cuerpo perfectísimo; crió de la nada un  alma, y la unió a aquel cuerpo; y en el mismo instante a este cuerpo y alma se unió el Hijo de Dios, y de esta suerte el que antes era un sólo Dios, sin dejar de ser Dios quedó hecho hombre”.
-Si acertabas, te felicitaba , bajando y subiendo la cabeza.
-Si te equivocabas, ¡ Sin recreo!

          A las once y media, los que no estaban castigados, salían de recreo. Recuerdo que todos íbamos, no había servicios, a orinar a la pared oeste de la capilla de San Isidro, pared que casi estaba perforada de tanto bombardeo urinario. El recreo se utilizaba para jugar al balón o a la cachetina contra el frontal de la capilla.

          Nuevamente sonaban las palmas de D. Santiago, eran las doce y el recreo había terminado. Todos corríamos para clase. Tocaba aritmética: la raíz cuadrada. Tenía D. Santiago cierta habilidad para enseñar a realizar la raíz cuadrada. Yo, como maestro que fui, siempre la enseñé como él me la había explicado. También nos enseñó a resolver la raíz cúbica. Nunca conocí a un profesor que lo hiciera como él.

          El miércoles por la tarde tocaba Temalibre. Tenía D. Santiago un libro con personajes famosos. Con letras góticas o sombreadas, en gran tamaño, ponía en la parte superior del encerado ( Una lona pintada de negro) el nombre del personaje del día. Cuadriculaba un trozo del encerado y pintaba la figura del mismo. En nuestro cuadernos lo reproducíamos ¿ Tiene alguien algún cuaderno de aquella época? Terminaba la tarde escribiendo un texto relativo a la vida del personaje. Texto que teníamos que aprender. Con D. Santiago la memoria no se atrofiaba.

          Si yo tuviera que valorar a D. Santiago, lo haría positivamente, ya que lo positivo dominaba lo negativo.


 
AMIGO PEPE
Por Antonio Sernández López

         Era Pepe, hijo de Daniel y Sara,  una buena persona con una personalidad muy especial por su manera tan particular de ver el mundo y la vida. Para él, el mundo quedó parado en los años 60. Su casa era igual en los años 50 que en el año 2000. Ni calefacción, ni agua caliente, ni televisión, ni otras cosas que no voy a enumerar. Si es cierto que su casa estaba siempre superlimpia, su hermana Celia se encargaba de ello. Sus únicas mujeres fueron su madre Sara y sus hermanas Adelina, Celia y Alsira. Tuvo un hermano, Daniel( Nelín) que  murió en un accidente de trabajo cuando se estaba construyendo la Cooperativa de vinos de Cacabelos. No tenía grandes amigos, pero se llevaba bien con todo el mundo. Era un gran trabajador. Mucha gente del pueblo solicitaba sus servicios que hacía con esmero e ilusión. Decía que a él nunca le faltó trabajo. Sus peores compañeros fueron el tabaco y el vino ( no bebía ningún otro tipo de  alcohol). Yo nunca lo vi borracho. Era Pepe el dueño del último varal que hubo en Carracedo.

          Del vino decía “ nunca xe hay viño malo, tíraxeye mais ou menos gaseosa”. Con un carretillo, de los años 50, iba, cada poco tiempo, con dos garrafones a por  vino a la Cooperativa de Cacabelos. Sin enfadarse, me decía que no entendía que llevando todas las uvas de su pequeña viña a la Cooperativa, cuando le enviaban la liquidación tenía que pagar  y no cobrar. Pepe, dentro de su bondad y pocas matemáticas, no se daba cuenta que gastaba, en su consumo, todo el vino de su viña y parte del de la vecina.

          Todos los días de invierno, cuando Pepe llegaba a su casa y antes de entrar en ella, en un pequeño  cuarto, construido  con cañas y barro, que tenía en el patio de la misma, hacía un pequeño fuego que terminaba en un borrallo, así le llamaba él,
para calentarse los pies. Cierto día estábamos  Pepe y yo sentados en dos  banquetas.  calentándonos al borrallo hablando de cosas del pueblo. Celia, su hermana, nos escuchaba y , de vez en cuando, decía “mentira Pepe”, “ eso nun eu asi”, “ nun sabes u que dices”. De repente, como movido por un resorte, Pepe se empicó (levantó) y sus dedos índices casi penetraron en los ojos de su hermana Celia, al tiempo que le gritaba”¡ Celia, cuando dous homes están hablando, ninguha muyer debe poñerse a escuitar!”. Pepe no tenía nada de machista. Era así.

          El bueno de Pepe decía no creer en los bancos. El dinero que cobraba por los trabajos que hacía lo iba metiendo en una caja. Así fue reuniendo no se cuanto dinero. Un mal día, mejor dicho un buen día, para él le dio vuelta  la caja del dinero, de manera que el dinero que había encima se depositó en la parte baja de la caja y el que había debajo en la parte alta. Para ir a la tienda cogió mil pesetas y “ el gran susto llegó”. El dinero estaba caducado y con él no se podían hacer transaciones comerciales. Llegó a mi casa, con la cara transfigurada, me contó lo que le había pasado. Lo llevé al banco y le solucionó el problema cambiándole el dinero y abriéndole una cuenta. Sin embargo su desconfianza con el banco no desapareció. Al poco tiempo tuvo que ir al banco por 1000 pesetas, dérunmas me dijo Pepe, pero num entendo, ya que: “ Delante de min, cuando estaba na cola, un home deixou un montón de billetes, cuando xeguein a taquilla déronme a min as mil pesetas de aquel montón, aun nun entendo,”, ¿ A quen ye deron as miñas perras? Pepe no veía claro que su dinero estuviera  seguro en el banco.

          Muchas mas anécdotas podría contar del amigo Pepe.

 

LAS COLONIAS DE CARRACEDO
Por Antonio Sernández López

          Yo nací en La Colonia, lote nº 14, un 20 de diciembre del  1942. Durante 9 años viví con mis padres en La Colonia. La enfermedad, meningitis, de mi hermano Longinos hizo que, la mayor parte del tiempo, lo pasara en el barrio del Teso con mi abuela Concha.

          Recuerdo como era la casa de la Colonia. Aunque, había dos  o tres modelos,  la distribución interior era casi igual en todas. Para entrar en mi casa había que subir tres peldaños. La parte interior estaba adoquinada con ladrillos macizos. Se entraba en un jol que hacía de comedor. A la izquierda estaba la cocina. Al frente y a la  derecha tres habitaciones. Recuerdo que para pasar a la 3ª habitación, había que hacerlo a través de la 2ª.  Servicio no tenía, pero si estaba la cuadra de los animales en la parte este de la vivienda. Recuerdo a la perfección como era la cocina: Una chapa de hierro colocado sobre unas paredes de  ladrillo. Un pequeño mueble de madera donde había una cántara y un caldero, que se llenaban con el agua traída de una noria que teníamos a 30 o 40 m. Un escurreplatos de madera. Una pequeña mesa rústica también de madera. Una pequeña  lacena  y un banco de madera, que a mi se me antojaba enorme ( en el jugaba con el primer regalo que tuve en mi vida, un camión campsa).

          Soy biznieto de Nicolás Amigo Folgueral , secretario de Carracedelo y uno de los promotores del nacimiento de las Colonias. Yo no lo conocí, pero si conocí a sus hijos Darío, Corina, Aurea y a mi abuela Concha.

          Me contaba mi tío abuelo Darío, de profesión guardia civil y persona muy culta, que antes de la parcelación toda  la dehesa albergaba una muestra de toda la flora berciana ( carrascos, robles, salgueiros, etc.) e incluso toda la fauna ( corzos, zorras, lobos, etc). Su aprovechamiento, me seguía contando, consistía en  los pastos, utilizados por el ganado de  los vecinos de  Narayola, Cacabelos y Carracedo. Los lindes  no estaban bien delimitados lo que llevó a un sinfín de problemas, incluso a luchas personales. Mucho tiempo anduvieron en pleitos los pueblos citados. Todo termino, pacíficamente, entre los tres con un deslinde. Dicha dehesa tenía una considerable extensión, pero con el deslinde, la parte correspondiente a Carracedo quedó reducida a  202 ha , 39 a y 37 ca. Cantidad exacta y necesaria para la aplicación  de la Ley de Colonización y Repoblación Interior. Me seguía contando mi tío abuelo Darío que todas estas operaciones eran revisadas por el ingeniero de Montes  Ilmo Sr. D.  Rafael Escrivá de Román.

          En el Boletín de la Junta General de Colonización y Repoblación Interior,  de fecha diciembre del 1919, páginas 43 y 44, se  escribía “Constituyen los terrenos de la Colonia dos partes: una llanura que se extiende desde Carracedo a Narayola ( del término de Camponaraya) y una llamada De los Hornos, con vertientes al Norte, Sur y Oeste. Era la parte llana del depósito de las aguas que de diversas procedencias llegaban a ella, y por este motivo, y debido al extraordinario caudal que aquellas alcanzaban durante el invierno, los terrenos quedaban convertidos en enorme charca, pues un arroyo denominado Funtousal, era insuficiente para dar salida a la gran cantidad de agua que  en las épocas de lluvia aparecía.”
“Tratando de remediar este mal se construyó un colector que recogiendo todas las aguas, las encauza y dirige a Carracedo donde se unen a las allí recogidas, para ir a aumentar el caudal del rio Cua.”
“Arranca este colector del extremo Este de la finca, atravesándola en toda su extensión en dirección Oeste, siendo su longitud de 2.700 metros”.

          Aunque las colonias fueron entregadas en el año 1916, reinando Alfonso XIII, no asi las viviendas, que no fueron entregadas hasta los años 1919 y 1920. Al principio los lotes, que habían sido adjudicados por sorteo, no estaban igual de atendidos por la distancia que había  desde el pueblo, donde malamente vivía la gente, hasta el lote. Eran 45 lotes, que corresponden a otros tantos colonos de una extensión de 3,02 hectàreas, de las cuales tres se destinan al cultivo y el resto a las edificaciones, corral, holganzas propias de toda casa de labradores Algunos lotes distaban mas de 2 km y los medios de transportes eran muy precarios. Todo cambió cuando cada colono tuvo, obligatoriamente, que ocupar la vivienda.

          Los título de propiedad fueron expedidos en Madrid el día 24 de noviembre de 1952 y entregados a mediados del año 1953. Dichos títulos fueron inscritos en un tomo especial  destinado a la Colonia Agrícola de Santa María de Carracedo en el Registro de  Propiedad de Villafranca del Bierzo. En cada título se explicaban las condiciones generales de  adjudicación, que eran las siguientes:
a)  Este lote no podrá venderse, permutarse, ni donarse hasta después de cinco años, contados a partir del reconocimiento de la propiedad.
b)  Siendo condición precisa el cultivo constante del terreno, si a consecuencia de la muerte  del titular permaneciera  el lote inculto durante un año, se considerará improductivo y el Estado ejercerá la acción reivindicatoria.
c)   Como uno de los fines esenciales de la Ley es que los lotes cultivados por sus propietarios, queda en todo tiempo prohibida la constitución de censos convencionales y arrendamientos. Los derechos reales  que se deriven de estos actos no serán inscribibles en el Registro de la Propiedad.
d)  Cada colono no podrá ejercer la propiedad más que sobre un lote. Cuando se acumulen dos lotes en una misma persona o personas unidas por vínculo de matrimonio, ésta lo pondrá en conocimiento de la Dirección General en el plazo de un mes, a contar desde la acumulación, y con intervención de la Dirección mencionada, el colono enajenará cualquiera de ellos dentro de los seis meses siguientes, abonando previamente el enajenante el importe de la cantidad que se halle debiendo por anticipos.
e)  Tampoco podrán recaer dos lotes en personas ligadas con vínculo de parentesco dentro del segundo grado, salvo que fuesen ambos mayores de edad, cabezas de familia y con descendencia apta para el trabajo. El colono en quien hubiere recaido  últimamente la propiedad de un lote, deberá enajenarlo en la forma que fija el anterior apartado, si se encuentra en el caso que el apartado presente señala.
f)    Si los colonos se resistieran o negaran a la enajenación que dispone los dos anteriores apartados, se considerará como caso de improductividad, ejerciéndose por el Estado la acción reivindicatoria.
g)  El lote será indivisible a perpetuidad. Cuando el  propietario de un lote falleciera y hubiese designado un testamento sucesor  en el patrimonio familiar, a él  se reconocerán los derechos correspondientes, siempre que sea apto para el cultivo y cumpla las condiciones de la colonización. Si el heredero no quisiera o no pudiera cumplir aquella, deberá enajenar la propiedad del lote a familia idónea, con sujeción a la Ley. Si siendo varios los herederos testamentarios no se pusieran de acuerdo sobre la persona en quién deba recaer la propiedad de aquel, se enajenará, con intervención de la Dirección General, a familias idóneas, con arreglo a la Ley de  Colonización. Si la sucesión fuere intestada y hubiera varios herederos, se seguirá el procedimiento  que acabamos de consignar.
h)  Transcurridos cinco años  de efectuado el reconocimiento de la propiedad, podrá el dueño enajenar su lote sin dividirle y a colono útil, pero debiendo siempre contar, para que la transmisión surta  efectos, el consentimiento  del consorte, si la tiene y de los hijos, ya por sí, si son mayores de edad y cultivan el terreno, ya por medio de su defensor judicial, si fueren menores.
i)    No podrá gravarse el lote con mas hipotecas que las legales  a favor del Estado, del Municipio, consorte e hijos, pero sin que aquellos puedan alcanzar a los frutos de los terrenos en producción , procediéndose en caso de  ejecución de créditos con sujeción a las normas establecidas  en el art. 49 del Reglamemnto de 23 de octubre de 1918.
j)    Los predios integrantes de este lote quedarán en garantía del  reintegro del anticipo recibido por el colono hasta el total pago del mismo.
k)  Enclavado en este lote existe ………………………………………

          En la parte oeste de la Colonia se construyeron los edificios comunes . Transcribo literalmente lo descrito en el Boletín de la Junta General de Colonización y Repoblación Interior de fecha diciembre de 1919, páginas 52 y 53.
           Edificios comunales.-Los edificios comunales proyectados al igual que las casas para colonos  por nuestro querido compañero Sr. García Badell, que darán terminados en el próximo verano, pues vicisitudes idénticas a las experimentadas en la construcción de casas para colonos, hicieron aquí los mismos efectos. Están constituidos por las edificaciones siguientes:
          Edificio central.- Dividido en cinco pabellones, los cuales se destinan a los servicios que se detallan.

 
          Pabellón nº 1.- Costa de dos plantas, destinándose la baja a roperos, retretes y otros servicios de las escuelas, y la alta a viviendas del maestro y maestra de la Colonia.
          Pabellón nº 2.- Constituido por dos espaciosos salones, donde se instalarán las escuelas de niños y niñas.
          Pabellón nº 3.- Despacho de la Cooperativa y almacenes en su planta baja. Almacenes y vivienda del guarda almacén en la alta.
          Pabellón nº 4.- Sala de juntas.
          Pabellón nº5.- Planta baja , oficinas. Planta alta, vivienda  del administrador.
          Almacenes de la Cooperativa.- Son dos, situados en los extremos del edificio central, y se destinan para almacenar los productos que los colonos aporten para las operaciones que la Cooperativa ha de realizar.


          Almacén de máquinas.- Su nombre nos releva de otra explicación.
          Boyerizas y cocheras.- De tres cuerpos: el central de dos plantas, la baja para cochera y la alta para el almacén de paja. Los otro dos para cuadras del ganado comunal.

          Recuerdo, que no recuerdo, ver tantos edificios como he enumerado anteriormente. Cuando yo iba a la escuela, allí por los años 50, sólo habían pasado 30 años de la construcción de los mismos y  algunos estaban ya bastante deteriorados.
           El pabellón central, que constaba de tres edificios  de planta alta y dos de planta baja, estaban distribuidos de  la siguiente manera, de este a oeste: en el primero, de planta alta, estaba la vivienda del maestro. Nunca supe que allí hubiera vivido la maestra.
          En la siguiente , de planta baja, al principio recuerdo que había un gran salón y, mas tarde, se  transformó para convertirlo en una escuela mixta para niñas y niños.
          El del medio, de planta alta, conservaba restos de una especie de economato con grandes aceiteras, un mostrador, una báscula, unas estanterías y un elevador para subir mercancía a la parte superior. Esta estaba toda vacía. A este pabellón se le conocía con el nombre de  “ La Cooperativa”. Por él se accedía a al aula de los pequeños.
          El cuarto edificio, de planta baja, albergaba las aula de los mayores. Los niños al norte y las niñas al sur.
          El último edificio, de planta alta, daba acceso a las aulas  citadas anteriormente. En el también estaban los servicios, que ya no funcionaban. En su parte alta nunca vi nada, parece ser que , en principio, estaba la vivienda de la maestra. Lamentablemente este edificio fue barrido, en vez de restaurado, en la década de los 80.
          Figuran, en la relación de edificaciones, los “ Almacenes de la Cooperativa”, situados uno al este y el otro al oeste del edificio central. El del este se dividió en dos , en una se hizo la vivienda para de Segundo Yebra y en la  otra parte, la de María “ La Cubana”, recuerdo que tenía un bar. El edificio del oeste se convirtió en la capilla de San Isidro.
          Nada recuerdo, ni supe del almacén de máquinas. Si recuerdo donde estaban las cocheras ( coches de caballos), en la C/ San Isidro, cerca del horno. Allí también se encontraban las cuadras del ganado comunal (las boyerizas).




Nota.- Si alguien considera oportuno añadir o quitar algo de esta crónica, me lo comunica y , si procede, muy gustoso lo añadiré o eliminaré. Gracias